Podrán tus ojos comerme en esa vajilla de vacío
de una córnea pintada de perversión, y aún más, tan húmeda…
Podrás comer la lengua que estrenaba lluvia o desgastaba rencor.
Pero anoche quedará como el rincón de mis succiones
y tus “bésame aquí” que fueron fiebre y éxodo de piernas gimientes.
Házmelo así, amor, es sencillo: tú te tumbas, y sobre este pozo, yo ardo…
Sara Torres
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