El cuerpo tembloroso de las piedras
asciende las comarcas
llegaron al extraño
antojo de los niños
los niños del columpio renqueante
llegaron al columpio, simplemente
meciendo los minutos, arrancando
aquello que terminas sin quererlo
y vuelves sin quererlo, a descubrir
la risa que anticipa los silencios.


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