Si encuentras la llave
de la cerradura del dolor dormido
te harás dueña
de los que se divierten
golpeando las puertas de los cuartos cerrados.
Pero si entierras esa llave
o la tiras al mar
o te la tragas,
no sabrás quién te llama por las noches,
quién se queda en tu puerta acurrucado,
sediento de verdad de tu tristeza.
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