Llevaba sin saberlo en la garganta un ángel
que decía no haberlo consentido.
Un ángel
era para ella
un rostro amable suficientemente,
suspenderse en los últimos semitonos de Bach
o estarse luego habitadora en sitios
nunca conocidos. Eso fuera
-a su manera, claro- un ángel verdadero.
(M. Victoria Atencia)
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