
Me hace mucha gracia esta anécdota: hace años, cuando Carolina de Mónaco empezó su idilio con el mitiquísimo Ernesto de Hannover (aún se recuerda el pedo que se pilló en Madrid por el que faltó a la ceremonia de boda del príncipe), se escondían de la prensa porque creo que él aún estaba casado. El caso, se escaparon a una cabañita recondita por los alpes suizos, muy idílico todo, y ahí se atrincheron los fotógrafos para conseguir conseguir una imagen de ellos juntos. Lo único que vieron salir de ella cabaña era un brazo, que tras abrir la ventana, colocaba o bien retiraba una botella de champagne del montón de nieve bajo la misma.
Qué profesionalidad, señores, ídolo!

1 comentario:
Jajajajajaja XDD litros de alcohol corren por sus venassss.... Mujerrr!!!!!
Un pieza!!!
Publicar un comentario