
tantas cosas por hacer y en casa con un virus... y qué rara es la sensación de tener fiebre.
Recuerdo aquel viaje a China tras un disgustillo personal y esos fríos repentinos de Shangay después de la cálida Hong Kong. Siempre cuento que en medio de la noche sentí si me hubieran desnudado y traslado a la más gélida Siberia para dejarme ahí en medio abandonada. Todas las mantas, toallas, y albornoces no eran suficientes para que dejara de temblar y la cama no se moviera como si me estuviera dedicando a otros meneteres compartidos... En mi delirio sólo pensaba que tenía la gripe del pollo tan de la época, y que vaya situación tener que verme en breve tan vírica en el pasillo estigmatizado de contagiosos de un (en mi imaginación) lúgubre y terrible hospital chino. Ay qué drama.
No era raro entonces que al día siguiente me quedara dormida, asintiendo, en la parte de atrás de un taxi mientras mi entonces jefe, de copiloto, estaba girando y comentándome algo de trabajo. Imagino su cara (que ni vi)...
Como dice un compañero: ay... para qué vivirá una... jajaja

3 comentarios:
definitivo, me gusta coo relatas!!! por lo demas, que ganas de hacer una maleta y partir aa china o cualquier parte, unas ganas locas de estar de vuelta en la carretera.
Saludos Sara!!
gracias Fabián!
las mismas ganas que yo, no te imaginas.
Un besazo
Pues a veces con fiebre tenemos unos pensamientos muy locos que si se hacen realidad pueden hacerte feliz...
La fiebre tiene su punto...
XD un besazo guapa!
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