


Un lugar de vacaciones fronterizo entre dos enormes naciones, donde el mar es sustituído por unas cataratas en las que la naturaleza es un espectáculo salvaje y ensordecedor, donde un vistazo no basta para abarcar una maravilla que casi alcanza los 180 grados, los mil metros de anchura.
Detrás, una locura de neones, arquitectura desparramada, una orgía de restaurantes de comida rápida, moteles con piscina, veranos de alcohol y familias.
Niágara City, prima de nuestro Benidorm.

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