
Y así pasaron las horas, con Rosario y mi general enzarzados en lo que los jóvenes y no tan jóvenes llaman hoy una pisada o un guagüis o un burrito o un palo o un clavo o un parche o un pa tus chicles o un pa tus tunas o te un voy a dar pa dentro de tres días, aunque ellos lo que se estaban dando era para el resto de la eternidad.
...
Y entonces yo volví a pensar en Estridentópolis, en sus museos y en sus bares, en sus teatros al aire libre y en sus periódicos, en sus escuelas y en sus dormitorios para los poetas transeúntes, en esos dormitorios donde dormirían Borges y Tristán Tzara, Huidobro y André Bretón. Y vi a mi general platicando con nosotros otra vez. Lo vi haciendo planes, lo vi bebiendo apoyado en la ventana, lo vi recibiendo a Cesárea Tinajero que venía con una carta de recomendación de Manuel, lo vi leyendo un librito de Tablada, tal vez aquel en donde don José Juan dice: «Bajo el celeste pavor / delira por la única estrella / el cántico del ruiseñor.» Que es como decir, muchachos, les dije, que veía los esfuerzos y los sueños, todos confundidos en un mismo fracaso, y que ese fracaso se llamaba alegría.

1 comentario:
este es un extracto del libro "los detectives salvajes"??
tengo ganas de leerle pero aun no me animo a ir por el a la libreria, necesito alguna obervacion respecto de como es el libro..me han contado de que es interesante..pero aun no se
saludos Sara!
Publicar un comentario