A veces surcábamos a gritos
el diluvio que inventó la pena.
Otras, existirse era verse a la deriva
sin la gracia de aquel dios: eso fue
lo justo, en verdad, fue lo necesario.
Sólo a veces leíamos las manos
de los ciegos y sus frentes despobladas,
confusas como una esquela. Otras veces,
respirar era perderse en las alturas
y sentir aquel vértigo tangible.
Tuvimos el valor de los ahogados,
supimos de la piedra invisible
que les hunde y de la salvación:
sabernos distinguir de las aves
carroñeras, no estar nunca a su acecho.
Advertimos el envés de los impulsos,
el minuto grotesco en que la luz
traspasa a los caballos. Caímos
en la alfombra como el polvo que señala
el lugar donde jamás oscila la materia.
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2 comentarios:
muy bueno Sara, me encantó escucharos ayer a los dos...sigue así ...seguir asi.
Gracias, María, con público así ya se puede!
Piné es un fuera de serie, a ver si ya hoy superada la resaca, voy a comentarle a su blog, este chico es un fuera de serie.
Nos vemos esta tarde, te guardo sitio ;)
muackkk
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