Como las manos hollarían la arena
del parque en las afueras, como el columpio
donde el viento rompe el hierro y pende…
Así
el grito que sabría oscurecerlo
de inmediato.
Así
la tierra que purgara
el miedo haciéndolo infinito.
El miedo que es el óxido.
Dejarle ir la hiel en las heridas
de la saña, dejarle hundir en los desagües
de este comedor de los venenos.
Repite, lo dejo ir, y escribe en las verjas
el nombre de la nada, olvida que lo es todo.
Sara Torres
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3 comentarios:
que bonito, bonita.
como va el libro?
besos de las dos ;-)
gracias, nenita.
Voy tomando una línea ya concreta para poder ir dándole forma, aún queda trabajo, pero me apetece mucho ponerme a ello.
Besos a las dos!
Vas a escribir un libro ???
Besos de 1 solo :)
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