¿Las oyes cómo piden realidades, ellas, desmelenadas, fieras, ellas, las sombras que los dos forjamos en este inmenso lecho de distancias? Cansadas ya de infinitud, de tiempo sin medida, de anónimo, heridas por una gran nostalgia de materia, piden límites, días, nombres. No pueden vivir así ya más; están al borde del morir de las sombras que es la nada. Acude, ven conmigo. Tiende tus manos, tiéndeles tu cuerpo. Los dos les buscaremos un color, una fecha, un pecho, un sol. Que descansen en ti, se tú su carne. ¡Se calmará su enorme ansia errante, mientras las estrechamos ávidamente entre los cuerpos nuestros donde encuentran su pasto y su reposo. Adormirán al fin en nuestro sueño abrazado, abrazadas. Y así luego, al separarnos, al nutrirnos sólo de sombras, entre lejos, ellas tendrán recuerdos ya, tendrán pasado de carne y hueso, el tiempo que vivieron en nosotros. Y su afanoso sueño de sombras, otra vez, será el retorno a esta corporeidad mortal y rosa donde el amor inventa su infinito.
América se nutre de acero y sol y cosechas de sueños
Géiser de huesos geométricos grises Empire State Building
Nueva York nace como una cisterna donde la luna trasloca sombras sin alternar nada sólo los pómulos del país invaden la planicie y los ojos cual búhos cavilosos se hunden en la oscuridad
Ciega es la ciudad bellas son sus veredas de neón fragoso en ella vivimos narrando nuestra historia ideándonos representándonos aconodicionándonos aquí o allá
Un ojo tangencial tantea la abstracción de otra mirada y la geometría del silencio se suma al mundo
Así camino con esta congregación de seres desurdida estrechez de mi arbitrario nombre.
5 comentarios:
Todo eso pasa en New York?
Antonio
si te soy sincera, no lo se.
Me invento todo, es mi forma de entretenerme, sabes? ;)
Beso
Tu respuesta en cada verso de este poema, atenta:
¿Las oyes cómo piden realidades,
ellas, desmelenadas, fieras,
ellas, las sombras que los dos forjamos
en este inmenso lecho de distancias?
Cansadas ya de infinitud, de tiempo
sin medida, de anónimo, heridas
por una gran nostalgia de materia,
piden límites, días, nombres.
No pueden
vivir así ya más; están al borde
del morir de las sombras que es la nada.
Acude, ven conmigo.
Tiende tus manos, tiéndeles tu cuerpo.
Los dos les buscaremos
un color, una fecha, un pecho, un sol.
Que descansen en ti, se tú su carne.
¡Se calmará su enorme ansia errante,
mientras las estrechamos
ávidamente entre los cuerpos nuestros
donde encuentran su pasto y su reposo.
Adormirán al fin en nuestro sueño
abrazado, abrazadas. Y así luego,
al separarnos, al nutrirnos sólo
de sombras, entre lejos,
ellas
tendrán recuerdos ya, tendrán pasado
de carne y hueso,
el tiempo que vivieron en nosotros.
Y su afanoso sueño
de sombras, otra vez, será el retorno
a esta corporeidad mortal y rosa
donde el amor inventa su infinito.
Pedro Salinas
Impresionante, realmente está hecha para esta realidad.
Corporeidad mortal y rosa....
Siempre hay victoria
de la vida sobre la muerte.
Siempre crecen brazos músculos
arterias edificios
América se nutre
de acero y sol
y cosechas de sueños
Géiser de huesos
geométricos grises
Empire State Building
Nueva York nace como una cisterna
donde la luna trasloca sombras
sin alternar nada
sólo los pómulos del país
invaden la planicie
y los ojos
cual búhos cavilosos
se hunden
en la oscuridad
Ciega es la ciudad
bellas
son sus veredas de neón fragoso
en ella vivimos narrando
nuestra historia
ideándonos
representándonos
aconodicionándonos
aquí o allá
Un ojo tangencial tantea
la abstracción de otra mirada
y la geometría del silencio
se suma al mundo
Así camino con esta congregación de seres
desurdida estrechez
de mi arbitrario nombre.
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