Es mejor, mi amor, el cuarto oscuro de los juegos
malogrados de la infancia.
Dejemos los mediodías abiertos para los últimos
pobladores de la noche,
apenas se te ve ya entre tanto rayo creador
y tanta renuncia de larvas.
Renunciar es esto.
Un temblor de temores bajando las escaleras,
cayendo hacia los portales barridos
y solitarios,
un agolpamiento de polvo, de tierra fértil y de
frutos dibujados en el movimiento súbito
de tu paso meteórico y fugaz
como una ausencia de niños pálidos.
Tanto hueco.
Ausentarse es esto.
Así,
es mejor, mi amor, el cuarto oscuro de los juegos
aunque tu recorrido dure lo que duran las abejas.
"Ofisea definitiva"
Luisa Castro.
NOTA: impresionante la idoneidad
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